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El populismo en democracia y la elección de Donald Trump

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Emilio R. Bruce - Profesor retirado
ebruce@larepublica.net

La democracia otorga a todos los ciudadanos el derecho de elegir y de ser electos. Las inconformidades en los ciudadanos los suman si no están en contradicción unas de otras. Hay individuos capaces de ofrecer lo que no pueden cumplir y hacerlo de manera convincente. “Hay grandes mentiras que repetidas tres veces se transforman en verdades” decía un propagandista de otra época.  Hay líderes en apariencia, que con sus habilidades logran desentrañar de la psique colectiva todos los odios, inconformidades sociales, resentimientos, y reclamos descargándolos contra el sistema de manera destructiva. No es extraño que una sociedad llevada a la convulsión sea lanzada contra un grupo humano a manera de un chivo expiatorio. Las propias inconformidades del grupo social harán que este elija a cualquiera de manera irreflexiva para lograr el cambio deseado y la eliminatoria de sus inconformidades.

Todos estos acontecimientos ocurridos en las sociedades europeas en los años 30, y que llevaron a países cultos y organizados, a extremos antisemitas y a descargar los odios contra la sociedad democrática y civilizada los hemos visto reproducirse en los Estados Unidos de América en estos meses. Ya nuestro país había incurrido levemente en este fenómeno en 2014.

En los Estados Unidos un matón de alta sociedad, rico y figura televisiva logró despertar los odios profundamente enterrados en el depósito de la psique colectiva donde habían sido reprimidos por el súper ego colectivo de la corrección política. El país explotó contra China y la competencia industrial, explotó contra el libre comercio por los grupos de desempleados que no han logrado ocuparse. Señaló con ira a los emigrantes latinos y los culpó de todos los males de la sociedad norteamericana. Se ensañó contra los partidos tradicionales y los políticos de Washington. Se ensañó contra el seguro social recién construido. Prometió construir un muro en la frontera de México contra la emigración de Latinoamérica. Prometió hacer a los Estados Unidos grande de nuevo cuando no son pequeños, pero las gentes creyeron, odiaron y encontraron el grupo sobre el cuál descargar sus iras.

No está lejos la sociedad costarricense cuando se ha descrito a la clase política como los mismos de siempre y todos corruptos generalizando, sin aportar pruebas y descabezándolos a todos. No hemos estado lejos cuando incurrimos en linchamientos políticos y cuando los tribunales no coinciden con el juicio de los medios condenamos a los tribunales por corruptos. No está lejos la sociedad nuestra cuando hablamos y señalamos de manera despectiva a un grupo humano: los emigrantes del norte.

Guatemala enferma eligió a un comediante. Ecuador enfermo eligió a Bucaram. Argentina enferma eligió a Menem… Las crisis populistas desembocan en elecciones desprovistas de razones y tan solo rellenas de reacciones negativas, instintos destructivos, impulsos suicidas, odios profundos… No se elige a los mejores, se elije a los que prometan, a los que se opongan a lo establecido contra lo que tenemos reclamos e inconformidades.

Peligrosa época vivimos. Francia marcha hacia los brazos de la racista Le Pen. Europa, Asia y Oceanía no son inmunes a la enfermedad americana. Tenemos la obligación de reflexionar y de atender las inconformidades resolviéndolas.  Graves serían para todos que decisiones populistas terminaran de imponerse para mal en todos nuestros países.